Las representaciones de arquitectura en la arqueología extra – americana

Representaciones de arquitectura en arqueologia extra americana

Artículo publicado en “Las representaciones de arquitectura en la arqueología de América”, volúmen I (Mesoamérica), pps. 23 – 41, ISBN 968-58-0295-5, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), México, 1982.

Las figuras que representan arquitectura son objetos de gran antigüedad en la vasta cultura humana. Si bien no son tan antiguas como la propia arquitectura, los hombres representaron de mil maneras diferentes su propio hábitat. Es indudable que para todas las culturas arqueológicas del mundo antiguo, la vivienda y los edificios públicos tuvieron gran importancia por su papel social; su significado trascendió en mucho el meramente funcional, para entrar en campos tanto ideológicos como psíquicos.

Las más antiguas representaciones de arquitectura que existen en Europa se remontan al final del períodio paleolítico: es común encontrar en las grutas de España, Francia, Alemania e Inglaterra, grabados rupestres e incluso pinturas, que muestran diferentes tipos de cabañas de madera. En general estos petroglifos nos muestran cabañas hechas con troncos, muchas veces elevadas —como las de Val Camónica en Italia—, con techos a dos aguas y personas en su interior. También en las cavernas europeas se encuentran signos tectiformes en varias de ellas, como en el grupo compuesto por las grutas de Font-de-Gaume, Les Combarelles, La Pileta, Bernifal y otras. Por lo general, las incisiones o pinturas muestran techos simples, cabañas con columnas centrales, muros laterales bajos, corredores abovedados y chozas circulares sencillas. Muchos de estos casos están realizados por encima o debajo de mamuts y otros animales ya extinguidos.

No es posible a la fecha saber si estas construcciones pertenecieron a esos mismos dibujantes, si eran de otros grupos que tenían diferentes hábitats, o simplemente eran un tipo de construcción diferente, como por ejemplo la vivienda de algún jefe político o religioso, que se destacaba del grupo en general.

Otro tipo es mucho más común, por ser el resultado de un largo proceso de estilización formal: hablamos de círculos concéntricos a veces semejantes a espirales, otras veces con ciertas variaciones, y que han sido interpretadas (Carvallo 1957) como la representación de entierros y grupos de piedras ceremoniales, como las formaciones de menhires, dólmenes, etcétera. Éstas se encuentran dispersas desde España y Francia hasta Escocia e Irlanda.

Hacia el 4000 a.C., aproximadamente, comenzaron ya a surgir las primeras figuras de pequeñas casas realizadas en cerámica entre los grupos de agricultores neolíticos. Es interesante notar cómo casi siempre éstas van a aparecer relacionadas con ritos funerarios. Esta costumbre la encontraremos ya dispersa hacia el 2000 a.C. desde el Lejano Oriente hasta las estepas rusas y la actual Alemania.

Por ejemplo, en Strelice, Moravia, hay figuras de cerámica con forma de casas rectangulares con techos a dos aguas fechadas para el 4000-3500 a.C. Asimismo las encontramos en el Dnieper, Rusia, donde en las cercanías de Popudnia se remontan al 2500 – 2000 a.C. Una de estas últimas piezas es sumamente interesante ya que muestra una vivienda circular de 43 cm de ancho; ésta posee sólo los muros perimetrales, sostenidos sobre columnas cilíndricas. En el interior se pueden apreciar los utensilios de la vida doméstica. Posiblemente tenía un techo redondeado en forma de cúpula, que se separaba para poder ver el interior. Esta pieza proviene de Unam y está cronológicamente inserta en la cultura tripolje.

En otras regiones de Europa oriental encontramos también figuras similares, como en Kodzá-Dervén, Bulgaria, en donde los portadores de la cultura Kukuteni las realizaban hacia el 2100 a.C. (Vidra ni). Prácticamente fueron comunes a toda la gran región danubiana y los Balcanes en general. Estas eran simples, cuadradas o circulares, a veces pintadas con colores vivos y espirales en el exterior, y representaban los diferentes tipos de habitación tradicional.

En las vastas regiones germánicas se realizaron hacia el 1000 a.C., una gran cantidad de maquetas cerámicas. Por lo general eran rectangulares, existiendo también circulares y ovaladas, con puertas de diversas formas e incluso móviles y decoradas con animales sobre el techo. Son similares a las de Bulgaria, Moravia y el Transvaal en general, y siempre producidas con objetivos funerarios. En Rusia, en la necrópolis de Djonu, se encontró una pieza cilíndrica con techo acupulado, la que puede ser interpretada también como la representación de una cabaña de madera.

En regiones mucho más alejadas aún, tal como el Jurdiztán turco, se realizaron objetos de bronce, entre ellos varias hebillas para cinturones con forma de pequeñas casas. En Armenia, los uratios realizaban en bronce piezas de fundición que representaban formas de arquitectura, como las famosas fachadas de la ciudad fortaleza de Toprak-Kale (800 a.C.), con su almenas y ventanas en varios pisos.

Pero sin duda alguna, las maquetas de mayor realismo y calidad fueron las egipcias. En Egipto es común encontrar en las tumbas de las dinastías XI y XII perfectas reproducciones de casas con patios, templos y palacios. Las realizaron con una minuciosidad de detalle impecable, colores, puertas y todos los elementos de la realidad en miniatura. Nos muestran las celosías para detener el sol, columnas policromadas, jeroglíficos diminutos, cocinas con su equipamiento completo, etcétera. Hay modelos de tiendas, mataderos, templos, carpinterías y mercados.

Pero también desde las primeras dinastías hay relieves en piedra, tales como las tabletas en placas con dibujos estilizados de poblados conquistados. O la lápida del faraón serpiente, en la que se encuentra Horus sobre los muros de un gran palacio. Incluso era común entre los personajes importantes el enterrarse en sarcófagos imitando viviendas, mastabas y templos. En este caso y sólo como un ejemplo más, recordemos el ataúd delicadamente tallado de Rawer, en el museo de El Cairo. Tiene las puertas, columnas, celosías y la decoración superficial claramente marcados.

En otras regiones del Cercano Oriente también hubo estos tipos de representaciones. Para no detallar demasiado tenemos las provenientes de Abydos y Tarcham, en forma de graneros, torres cilíndricas con escaleras y puertas altas; e incluso hay viviendas rectangulares en cerámica. Las torres de Abydos se remontan a una época tan antigua como la primera dinastía.

En Assur se encontraron figuras de casas en cerámica fechadas en el 2800 a.C. Algunas de ellas tienen 75 cm de altura, y muestran edificios de hasta seis pisos: fueron halladas en el Templo de Ishtar, lo que les da un significado religioso evidente. En Tell-el-Amarna se encontraron altares domésticos en forma de templetes con escaleras. En otras regiones del Cercano Oriente hay otras figuras interesantes de reseñar, como las descubiertas en Kusdeirah (3400 a.C.) cerca de Jerusalén. Todas las conocidas en esta región fueron utilizadas con carácter funerario.

Las provenientes de Fenicia y Chipre, en cambio, son más vivas, e incluso poseen figuras humanas dentro de sus puertas. De Dali, Chipre, conocemos una en el Museo de Louvre, que está fechada hacia el 900-800 a.C.

Entre los pueblos asirios y caldeos también existieron, pero casi nunca en forma exenta, sino como relieves de estelas e inscripciones en grandes piedras. Hay también sellos caldeos, cilíndricos y planos, que muestran muros y edificios; también hay relieves de Korsabad de la época de Sargón, tales como la lápida en la que se ven varios señores que entregan las maquetas de sus pueblos en señal de sumisión. Hay muchas tallas en grandes piedras que nos muestran fortalezas, poblados, torres y murallas con vigías y soldados. Otros tipos de relieves de la región mesopotámica son más amplios, incluyendo exteriores tales como parques, ríos y poblados. Hay unos pocos planos de pueblos, tanto en tablillas cuneiformes como en piedra.

En Jerusalén también se realizaron hacia el siglo I d.C., sarcófagos en forma de templetes griegos, y lo más interesante es que en su exterior hay relieves con inscripciones en griego, lo que significaba una auténtica herejía.

Para esos tiempos más recientes, también en Egipto cambió el tipo de representaciones al recibir las influencias romanas, y se comenzaron a hacer templetes con columnas dentro de los cuales se colocaba el rostro del difunto.

En cuanto a construcciones de gran envergadura, tenemos ejemplos tales como las tumbas de Artajerjes II (358 a.C.) y de Ciro II (529 a.C.), las que fueron realizadas con formas arquitectónicas. Después de los tiempos de Cristo, estas tradiciones se continuaron en oriente a través de Bizancio, pero el análisis se escapa completamente de nuestras posibilidades, ya que su extensión sería exageradamente larga para detallarla completa.

En la Europa occidental, al igual que en las regiones mediterráneas, hay asimismo representaciones de arquitectura desde épocas tempranas. Quizás las más antiguas sean las provenientes de la isla de Malta, donde se encuentran maquetas de edificios circulares con techos abovedados en piedra en los conjuntos de Hal Tarxien (2000 – 1500 a.C.) y de Hagar Kim (3000 – 1200 a.C.) En la isla de Creta, cuna de la posterior cultura griega, hay placas de cerámica que muestran las fachadas de varios pisos del palacio de Cnossos. Están fechadas en el minoico medio III (1700 – 1600 a.C.) Algunas de éstas nos muestran edificios de hasta tres pisos de altura. También en esta isla hay maquetas cilíndricas de viviendas con personajes dentro de ellas.

Tiempo más tarde encontramos urnas funerarias en la cultura de Vilanova, hacia el 800 a.C., y luego en sus sucesores, los etruscos. Las urnas tienen formas cuadradas o cilíndricas, algunas imitando pequeñas cabañas, otras, viviendas complejas con patios interiores. También hay relieves en piedra mostrando puertas (como el de Capua) y estelas funerarias donde el rostro del difunto está enmarcado en dos pilastras y un frontón triangular. Las maquetas de Etruria son por lo general de cerámica, aunque no faltaban las de metal, a veces sobre cuatro columnas que las separan del piso. En los casos que representan templos con techos a dos aguas, poseen figuras humanas o de animales sobre la cubierta.

Entre los romanos fueron también muy comunes: representaron la arquitectura en lápidas, relieves y estelas funerarias; se realizaron planos completos de edificios y ciudades, se pintaron murales como los de Pompeya, se hicieron mosaicos con vistas completas de poblados y haciendas campestres, se grabaron en monedas, foros, templos y palacios. Lamentablemente la corta extensión de este ensayo nos impide desarrollar este tema con la necesaria longitud, ya que sólo con Roma se podrían escribir varios volúmenes.

La última gran región que nos falta estudiar es el Lejano Oriente, particularmente China y Japón. En el primero de los países citados, lo más antiguo que hemos podido detectar al respecto son los bronces de la época Shang (1523 ­1028 a.C.), ya que entre ellos hay algunos recipientes cuadrados tipo Fang “I” que bien pueden interpretarse como viviendas estilizadas. Estas piezas eran utilizadas para ofrendas propiciatorias de alimentos a los muertos y dioses.

Tiempo más tarde, en la dinastía Han (202 a.C. – 220 d.C.) aparecen las maquetas propiamente dichas, realizadas en cerámica; es posible que las hubiese anteriores, aunque no tenemos información suficientemente precisa al respecto. Las figuras Han son de un marcado realismo: escenas de palacios, granjas, torres de varios pisos con personas, plantas y animales, establos y gallineros, estanques, puentes y dependencias de servicio. Por lo general están pintadas con vistosos colores por fuera y por dentro. En esta misma dinastía hay también relieves tales como baldosas sepulcrales que representan fortalezas, grandes puertas y edificios. Hay también grandes tallas posteriores, pequeñas pagodas de la dinastía Ming, y hasta un gran plano de la ciudad de P’ing-Ch’ang, en Su Chou.

En el Japón hay maquetas funerarias en los finales del período Yayoi (3000 a.C. – 300 d.C.) Éstas son de cerámica y mucho más simples que las chinas de la misma época, cuadradas y rectangulares, con techos a dos y cuatro aguas, y sólo tienen decoraciones en base a insiciones y vanos como ventanas y puertas. Ocasionalmente muestran edificios de más de un piso. Las más conocidas provienen de Gumma, Tokio, y están fechadas para los siglos III y IV d.C.

En otras regiones, como la India antigua, hubo trabajos de piedra de gran calidad en los cuales se grabaron dibujos arquitectónicos. Pero en realidad no existieron nunca maquetas exentas como en otras regiones. En otras partes del mundo también se representó la arquitectura en diversas formas. Lamentablemente poseemos muy poca información referente a África y ciertas regiones asiáticas, pero podemos citar en ese primer continente, las placas de bronce de Benín; una de ellas —por ejemplo— muestra una puerta custodiada por guardias armados y un sector de un importante palacio.

En realidad, este capítulo es sólo una reseña de las miles de figuras existentes en las épocas tempranas de la humanidad, con características similares a las americanas que luego se analizan con más detalle. Es importante hacer notar que hasta el surgimiento de Roma, y a excepción de la Mesopotamia, siempre tuvieron uso funerario, es decir que se usaban para ser enterradas con el mismo muerto, o para ceremonias asociadas a esto. Veremos cómo la costumbre se repite en América prehispánica.

En cierta forma, tras este simple recuento, se hace evidente que la realización de maquetas y de otras representaciones del hábitat, no es una costumbre extraña, ni patrimonio de un sólo pueblo o cultura de la humanidad. Prácticamente desde que el hombre es hombre, y motivado por diversas circunstancias, se vio en la necesidad de expresar esto, en las formas y con las técnicas que su repertorio cultural le permitió.

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