Restauración arqueológica en Kaminaljuyú, Guatemala

Revista DANA N°19Artículo publicado en Documentos de Arquitectura Nacional y Americana, N° 19, del Instituto Argentino de Investigaciones en Historia de la Arquitectura, Resistencia, provincia del Chaco, Argentina, junio 1985.

 Proyecto de restauración arqueológica en la ciudad de Guatemala.

I. Introducción.

Las ruinas de la ciudad prehispánica de Kaminaljuyú, en las ciudad de Guatemala, son un conjunto de construcciones y monumentos arqueológicos de un valor inestimable tanto para la historia universal como para la historia de América Latina en particular. Conforman una agrupación de montículos, algunos ya excavados, que por el crecimiento de la ciudad moderna de Guatemala están siendo destruidos en forma sistemática, sin atender a la importancia que tienen para la reconstrucción del proceso histórico de los pueblos que habitaron la región desde antes del 2000 a. C. En el sitio tenemos una continuidad cultural de más de 40 siglos, cosa poco común en nuestro continente; su pérdida sería irreparable.

Desde sus inicios Kaminaljuyú fue una ciudad de grandes dimensiones, con pirámides, palacio, templos, viviendas, esculturas monumentales, una cerámica de excepcional calidad y una densa concentración de población. Funcionó como un centro de intercambio y mercado para todos Mesoamérica, y es común encontrar bajo los hoy deteriorados montículos, construcciones complejas con rasgos teotihuacanos. Éstas muestran a las claras, al igual que el lujo de sus tumbas y la riqueza de las ofrendas bajo tierra, el sitio estuvo un notable esplendor, posiblemente único en su época. Reunió artesanos, artistas, sacerdotes, comerciantes y políticos de todo el mundo conocido a la fecha: México, Belice, Honduras y El Salvador, países actuales que junto con Guatemala, conformaban el mundo Maya en la época prehispánica.

Es en base a su importancia y a la imperiosa necesidad de salvaguardar lo poco que de ella queda, que se propuso realizar un amplio programa de rescate y puesta en valor, planificado en etapas sucesivas. Este programa, en el caso de realizarse, sería en conjunto con las instituciones oficiales de Guatemala, y la asesoría de organismos internacionales interesados.

Las ruinas de Kaminaljuyú son ampliamente conocidas en el mundo entero, y desde el siglo pasado muchos viajeros y atronadores las recorrieron y estudiaron en forma sistemática. Durante nuestro siglo, organismos nacionales y extranjeros realizaron diversos proyectos arqueológicos, que dieron como resultado la formación de una extensa bibliografía científica, por lo que el Instituto de Antropología e Historia de Guatemala tomó en su momento algunas medidas concretas para salvaguardar una parte de las ruinas.

Los trabajos más importantes que podemos recordar en esta presentación del proyecto, sólo los de Alfred Percival Maudslay en 1882, quien levantó un plano de la zona, la que se encontraba abandonada con una que otra hacienda sobre sus montículos. Las fotografías por él tomadas muestran varias esculturas dispersas por doquier, en medio de lo que era desde el siglo XVIII el camino hacia la ciudad de Antigua.

Uno de los montículos más grandes en Kaminaljuyú que ha quedado entre viviendas. Dentro encierra importantes construcciones arqueológicas.

Durante los siguientes 70 años poco se hizo en la zona: hubo descripciones más o menos detalladas, un estudio de sus esculturas por Samuel Lothrop publicado en 1926, algunas excavaciones estratigráficas de Manuel Gamio en 1924, y una liberación parcial de un montículo hecha por los hermanos Villacorta en esos mismos años.

Las ruinas permanecían cubiertas por tierra y vegetación, olvidadas de la mano del hombre, a excepción de los estudios ya citados y alguna esporádica excavación clandestina con objeto de encontrar objetos antiguos para vender en el aún incipiente mercado de antigüedades de la ciudad de Guatemala. Los problemas comenzaron pocos años más tarde, concretamente hacia 1945. En esos años la ciudad comenzó a crecer lentamente, extendiéndose hacia las haciendas cercanas, y grupos marginados construyeron algunas viviendas precarias sobre los montículos, se destruyeron algunos otros al ampliar la carretera a la Antigua y asfaltarla, y se colocaron a la vera del camino tiendas, gasolineras y algún edificio de concreto. Esto comenzó la destrucción y la búsqueda de piezas antiguas, en especial en las tumbas que, durante los últimos años, habían ido desapareciendo. Si bien la arqueología aún no tenía gran valor debe reventar, era una forma de ganarse la vida para los migrantes a la ciudad que no tenían posibilidades de encontrar trabajo.

En esos años comenzó una serie de exploraciones más científicas de Carnegie Institution de Washington, que trabajaba en la arqueología en Guatemala desde 1924. Los arqueólogos realizaron una ímproba labor de excavación, descubriendo varias tumbas de incalculable valor histórico, estudiando detenidamente los procesos constructivos de los edificios -todo son realizados en barro-, y desarrollando una estratigráfía cerámica de gran valor para la arqueología del altiplano. Se publicaron varios libros de Alfred Kidder, Enrique Berlín, Jesse Jennings y Edwin Shook dando a conocer al mundo la importancia que Kaminaljuyú tenía. Lo más espectacular fue el descubrir varios edificios realizados con la técnica del talud-tablero, típica de Teotihuacán y del altiplano de México, mostrando un contacto cultural de tiempos prehispánicos a varios miles de kilómetros de distancia.

Único sector de una gran construcción prehispánica que se ha conservado dentro del lote de una propiedad.

En esos días y ante el comienzo del avance sostenido de la ciudad, comenzó la preocupación por la protección los monumentos, ya que varios de los montículos explorados habían sido destruidos casi de inmediato; pero no había muchas posibilidades para hacer algo al respecto. Por el contrario, sólo se podía hacer muy poco. Los fuertes intereses estaban demasiado arraigados para ser vencidos y la legislación guatemalteca no ayuda a la conservación (los monumentos están protegidos, pero la tenencia de la tierra sobre la cual éstos se localizan sigue perteneciendo al propietario original, el cual puede disponer de su terreno a satisfacción). La arqueología es sumamente débil, le faltan técnicos, presupuesto, estructura administrativa y legislación protectora, además de una consciencia ciudadana propiciatoria.

Con los años y con la fundación del Instituto de Antropología e Historia de Guatemala (IDAEH) en 1959, se pudieron tomar algunas medidas al respecto. En primer lugar se logró delimitar una zona de protección, la que cubría únicamente parte de los montículos del grupo C, el más importante, que formaba un conjunto conocido bajo el hombre de Acrópolis, y que había sido parcialmente estudiado por la Carnegie Institution. Esas exploraciones habían dejado a la vista varias pirámides y estructuras, las que fueron cubiertas mediante un techo de lámina acanalada sostenida por maderas.

De más está decir que aún sigue en pie esperando un techo mejor.

Pero lo importante de obtener la salvaguardia de este grupo está balanceado por el hecho de que el resto de la zona quedó a la merced de los especuladores de la tierra. Fueron creciendo como hongos tras la lluvia colonias como la Tikal, Kaminaljuyú I y más tarde la II, la Miraflor, más tarde la Miraflores, Jardines de Utatalán I y II y así al infinito. Para 1962 la zona estaba francamente deteriorada aunque gran cantidad de montículos aún estaban en pie, incluso en medio de las muchas clases de tierra que existían todavía. La falta de infraestructura de servicios de agua y alcantarillado ayudaba a la conservación.

Fue para mediados de 1975 cuando la situación se transformó en trágica: se lotearon los grandes terrenos que aún quedaban baldíos o eran de haciendas que aún funcionaban, se abrieron nuevas avenidas por la zona, y se destruyó la enorme mayoría de los montículos que quedaban. Las autoridades no hacían nada al respecto, unos por desidia, otros por imposibilidad, y Kaminaljuyú se fue perdiendo día a día como arena que corre entre los dedos. Únicamente se pudieron tomar medidas extremas, como el caso de una urbanización reciente, en que se logró convencer a los fraccionadores para qué dejaron intactos tres grandes montículos, y que sirvan como espacios verdes o plazas, en lugar de demolerlos en favor de hacer jardines planos. Actualmente se está luchando por otro grupo de montículos en lo que fue la colonia El Mirador, con resultados oscuros.

Las ruinas están actualmente protegidas por la Ley. En el año 1964 se promulgó la Ley sobre protección de Kaminaljuyú que contempla una larga serie de montículos numerados que son propiedad de la nación, y por lo tanto, intocables. Más aún, en 1970, el Acuardo para la creación de zonas y monumentos arqueológicos, históricos y artísticos de los periodos prehispánico e hispánico, declara en forma específica que Kaminaljuyú es zona y monumento arqueológico del departamento de Guatemala, y por lo tanto es “obligación constitucional que el estado vele por la conservación”.

Vemos con tristeza que la protección no es para todo los montículos, sino solamente para los indicados en el Artículo 4° de la Ley sobre protección de Kaminaljuyú que son sólo 95 montículos. Es trágico pensar que de los que actualmente están todavía en pie hay 23 que no tienen la protección de la Ley en cuestión, lo cual nos indica con toda crudeza que sólo están protegidos 37 montículos (de los 10 que hay en la Acrópolis sólo 6 están protegidos) de los que actualmente se conservan. De acuerdo a la realidad sólo 37 de los 95 montículos tienen protección, ya que de 1964 a la fecha y a pesar de la indicada Ley, se han destruido 51 son de los enumerados.

De acuerdo a la legislación guatemalteca el terreno donde se asientan montículos prehispánicos no es forzosamente del Estado, ya que la Ley no contempla esta situación. En el caso de Kaminaljuyú los terrenos son particulares y el propietario es soberano sobre los mismos con la restricción de tener que proteger los monumentos ahí asentados que “están bajo la salvaguardia y protección del Estado” a excepción de la zona arqueológica, la que está virtualmente en posesión del IDAEH, ya que su propiedad es municipal.

Por supuesto, se podrá alegar que este caso no es diferente a los tantos otros similares que existen de nuestro continente. Por citar sólo algunos similares, podremos comenzar con las terribles destrucciones que se han hecho con los sitios de los alrededores de la Ciudad de México, y podríamos continuar con el caso de Lima. ¡Tantas otras ciudades viven situaciones similares! Pero el objeto de este trabajo no va hacia la crítica a la destrucción hecha por nuestro sistema económico – político en el cual la propiedad de la tierra está en manos de especuladores y la cultura en manos de militares. La intención es la de encontrar una alternativa a un caso específico y salvar lo que se pueda salvar de lo que aún queda en Kaminaljuyú. Es una auténtica operación de rescate, que esperamos que sea factible de realizar.

II. Evolución de la destrucción de Kaminaljuyú.

Plano 1: estado del sitio en 1943.

Plano basado en la calca de Carlos Rudy Larios hecha en 1962 y tomada del original de la Carnegie Institution de Washington del año 1945; completado con el plano de la Colonia El Miraflor de G. A. Lothson en 1968, y el plano actualizado del conjunto de J. W. Michels de 1973. En este plano aparecen indicados todos los montículos existentes en esa fecha con la topografía del terreno, que incluye curvas de nivel a cada metro de altura.

Solamente aparece como elemento extraño al contexto arqueológico el camino viejo a Mixco, que atraviesa la zona arqueológica y que tuvo que haber sido tal vez el agente destructor de la época moderna. No se manifiestan destrucciones o deterioros por el camino, dado que éste ya estaba cuando se hizo el levantamiento de la zona arqueológica. Aparece un total de 228 montículos de diversos tamaños, con diversas formas en planta y agrupados alrededor de plazas.

Plano 1. Estado de situación en 1943 (picar para ampliar)

Plano 2: estado del sitio en 1962.

Plano calcado de la calca de C. R. Larios (diciembre 1962), complementado con el plano de T. R. Johnson y E. M. Shook de la Carnegie Institution de Washington, que a su vez se basó en el plano de C. Espinoza del Instituto de Antropología e Historia de Guatemala. Se indican en este plano algunos montículos que no aparecen en el PLANO 1 y en otros casos cambios de nomenclatura.

La “zona arqueológica” aparece inserta dentro de las manzanas producto de fraccionamientos te lotificaron la mayor parte de Kaminaljuyú. Para mayor claridad no indicamos en la lotificación, misma que en lo que respecta al dibujo no se manifestaba con claridad, ni regularidad.

En este aspecto ocurre la primera gran destrucción, de la que se salva la porción denominada Acrópolis, ya que la superficie de terreno sobre la cual se asientan los monumentos prehispánicos fue proporcionada por los fraccionadores como parte, en este caso, dado que así lo prevé la legislación municipal al respecto, por lo que hubo una protección de facto sobre la zona gracias a la aplicación positiva del aparato legislativo vigente en ese momento.

Muchos montículos aparecen como existentes, aún cuando están en medio de calles y otros en forma mixta ocupan la calle y parte de uno o varios lotes. Es evidente que esos fueron destruidos al momento de urbanizarse las calles, con el paso de las tuberías del drenaje y del pavimento de las mismas. Lo mismo ocurrió con el grupo de montículos que quedó fuera de los lotes. Posteriormente en vino la destrucción por la construcción de las casas en sus respectivos lotes, salvándose uno que otro montículo.

Plano 2. Estado de situación en 1963 (picar para ampliar)

Otra de las grandes pirámides del sitio encerrada entre casas y calles modernas.

Plano 3: estado del sitio en 1981.

Plano calcado del plano 2, complementado con información adicional proporcionada por el Instituto de Antropología e Historia y con el plano de interpretación de la forma de las estructuras, hoy ocultas en mayor parte, que forman la Acrópolis, publicado por J. W. Michels y W. Sanders en 1973. Contamos con información oficial detallada de lo desaparecido, aunque no creemos que sea muy precisa, dado que sigue marcando como existentes los montículos que quedaron en medio de calles y que forzosamente se tuvieron que destruir durante las obras de urbanización de los primeros fraccionamientos en la zona.

Se cuentan en el plano solamente 168 montículos de los 228 que vivimos en el plano 1, es decir se han destruido 60 montículos en un lapso de 38 años lo cual nos da un índice de un 26,31% de lo desaparecido, quedando solamente en pie el 73,61% de toda la ciudad prehispánica de Kaminaljuyú. Es importante hacer notar que un montículo, el C-IV-7, se reporta como desaparecido, siendo que aún existe y es muy importante por su envergadura.

Plano 3. Estado del sitio en 1981 (picar para ampliar

Plano 4: estado del sitio en 1983.

Plano llevado a efecto con la información recabada in situ, mediante recorridos a pie en el mes de junio de 1983 durante los cuales se comprobó que sólo quedaban 60 montículos (10 de ellos en la Acrópolis), habiendo 50 en muy diverso estado de deterioro. La destrucción a la fecha es de 168 montículos, es decir que han desaparecido hasta el momento un 73,61% de los montículos, quedando solamente el 26,31% entre lo bien conservado, lo regularmente conservado y lo semidestruido.

Para facilitar la comprensión de la problemática vamos a indicar el estado en que se encuentran los 60 montículos que a la fecha quedan con vida; los números entre paréntesis indican que existe protección legal:

• Montículo A-IV-1 centro de un parque de diversiones de propiedad privada.
• Montículo (A-IV-3) en buenas condiciones.
• Montículo A-IV-6 apenas perceptible pero no se ha destruido totalmente.
• Montículo A-V-9 apenas perceptible pero no se ha destruido totalmente.
• Montículo A-IV-4, A-IV-8, (A-V-4), A-V-8, A-V-5, (A-V-7) y A-V-6, están sobre un terreno propiedad de la familia Giordani quienes los conservan bien, con la salvedad de haber usado los montículos A-IV-8, (A-V-4), A-V-5 y (A-V-7) como plataformas de apoyo para casas.
• Montículos (A-IV-7), A-V-3 y (A-V-13) están dentro de una urbanización en pleno desarrollo, que está destruyendo el montículo A-V-3. Las autoridades del IDAEH están al tanto de la situación y han señalado los límites del fraccionamiento en lo que respecta a la conservación de los montículos ahí existentes. Nos mostraron en la caseta de construcción un croquis de los trabajos de urbanización con los cuales se rigen para la promoción y venta de terrenos, ya que no hay otro plano (?).
• Montículo A-V-II en buen estado. Presenta calas de exploración.
• Montículo (A-VI-1) en buen estado.
• Montículos (A-VI-3) y (A-VI-4) difícilmente perceptibles.
• Montículo B-II-1 Crimea parte del mismo encajado en un lote en esquina baldío, como plataforma de 1.00 metro de altura con restos de piso (?).
• Montículo (B-III-6) escuadrado dentro de un lote.
• Montículo B-III-5 bastante destruido, está como especie de plaza abierta y sin protección.
• Montículo B-IV-1 recortado en forma de cuadro, quedando sólo la porción central.
• Montículo (B-IV-2) pase al mente destruido por la casi y dentro de un terreno no particular.
• Montículos (B-V-2), B-V-3, B-V-4, B-V-5, B-V-6, B-V-8, (B-V-9) y (B-V-1) en buen estado dentro de un terreno alumbrado.
• Montículo C-V-9 en buen estado. Fue salvado por el arquitecto Murillo cuando seis son la colonia El Mirador, ya que él insistió en incluirlo dentro de la zona que obliga la municipalidad a dejar como áreas verdes.
• Montículos (C-IV-1) y C-IV-2 en buen estado, salvo que los atraviesa una alambrada medianera de propiedad.
• Montículo C-IV-4 sirve de basamento a una casa.
• Montículo C-III-7 y C-IV-8 en regular estado de conservación.
• Montículo C-IV-7 se había informado por el IDAEH (indicado en el plano 3) que estaba destruido, lo que es erróneo. Hoy presenta una escalera recientemente construida que da acceso a un mirador en la parte superior. El piso ha sido pavimentado.
• Montículos C-II-3 al C-II-14 actualmente forman el Parque Arqueológico de Kaminaljuyú, el cual está circundado y protegido por una alambrada en postes de concreto y con vigilancia. Este parque es lo que se considera como la Zona Arqueológica de Kaminaljuyú y el hecho de haberse destinado el lugar para un uso fuera del de habitación y al resto de la zona se haya fraccionado es indicativo de que se dio por perdida la zona en cuanto a su protección a cambio de conservar la Acrópolis. (C-II-9), (C-II-10), (C-II-11) y (C-II-14).
• Montículo C-I-2 ocupa dos lotes, uno a cada calle, y salvo los grandes recortes que se quisieron a los lados para que encajara en los dos lotes, es tan buen estado.
• Montículo (D-III-14) recortado para encajarlo en un lote, y salvo esta destrucción parcial considerable, en buen estado.
• Montículo (D-III-1) recortado para que entre en un lote habitado, pero salvo esto en buen estado.
• Montículo (D-III-10) recortado para encajar en un lote habitado. Aquí se han hecho exploraciones arqueológicas debidamente guiadas por expertos, que muestran tableros hechos de barro con decoración de obsidiana, así como mascarones de barro estucados y con muestras todavía de color. Están protegidos los basamentos por una techumbre de lámina, sustentada por pies derechos de madera. Hay una alambrada a la calle y hay que pedir permiso para su visita a los propietarios del terreno, que viven al fondo. Muy deteriorado.
• Montículo (D-IV-2) de grandes dimensiones, recortado por uno de los la dos por un mercado, por otro lado por una escuela, en otra parte una casa y en una esquina un campo deportivo. Ocupa toda la manzana.
• Montículo E-III-6 recortado para encajarlo en un lote habitado, pero salvo esto en buen estado.
• Montículo E-III-5 recortado para encajarlo en un lote que se utiliza para escuela, pero salvo esto en buen estado.
• Montículo E-II-2 pequeña plataforma destruida por la esquina de una construcción gubernamental.
• Montículo (E-II-1) presumimos que está bien conservado debido a que se encuentra en el interior de un terreno muy grande, en un lugar donde no se ha construido.

Plano 4. Estado de situación en 1983 (picar para ampliar)

III. Propuesta Operativa.

Para la realización de los trabajos encaminados a la salvaguardia de Kaminaljuyú, se presentó un proyecto a las autoridades nacionales en diversos niveles (IDAEH, INGUAT, etc.) que planteaba la posibilidad de desarrollar las tareas de la siguiente forma:

1. Realización del proyecto de puesta en valor y restauración por los autores de esta nota, con la colaboración de los organismos técnicos especializados a interesados de Guatemala.

2. Desarrolló de la campaña internacional para la salvaguardia de Kaminaljuyú.

3. Implementación de las cuatro etapas de trabajo, diseñadas en el proyecto a lo largo de tres años de trabajo.

Este proyecto contempla la realización de etapas de trabajo, para las cuales se harán los planos, dibujos, perspectivas, detalles técnicos y presupuestos necesarios para su concreción. Todos los planos serán entregados de acuerdo con las normas internacionales que rigen en la materia, de común acuerdo con los tres organismos involucrados en el trabajo. Asimismo se contempla el diseño de un Museo de Sitio,1 tienda artesanal, una cafetería, vivienda para el cuidador del sitio, diseño de los carteles y la infraestructura de señalamiento, baños, basureros, circulaciones internas de la Zona Arqueológica, recolocación de los monumentos y las estelas provenientes del sitio, sistemas de protección de los edificios excavados para la construcción de ellos.

Asimismo se incluirá en el proyecto un estudio detenido de las fuentes alternativas de financiamiento, sea nacional o internacional; el desarrollo de una campaña internacional para la protección de Kaminaljuyú y la preparación de un técnico del IDAEH en los detalles del proyecto para que pueda hacerse cargo de las obras en un futuro.

Otro aspecto que se incluirá será el de asesoría legal, que servirá para plantear una nueva estructura legal para los sitios arqueológicos dentro de las zonas urbanas, que permitirá encarar más directamente los problemas surgidos en este tipo de casos.

Plano 5. Ampliación de sector (picar para ampliar)

El proyecto del Museo y Casa de Artesanías

Desde hace los años se han realizado diferentes propuestas para construir museos en el sitio. Todas ellas no han prosperado debido a dificultades económicas. En base a eso es que se propone la realización de una serie de cabañas de madera, baharaque y techo de palma de muy bajo costo, que debidamente ubicadas en el sitio pueden proteger los montículos sobre los cuales se construyan, y a la vez servir de museos, oficinas, tiendas o cafetería. No romperían con el entorno de la zona arqueológica, daría un toque tradicional y permitirían rearmar un pequeño poblado típico. Este tipo de solución hará factible la realización de estas instalaciones en breve tiempo y costos reducidos.

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