El Caracol de Cozumel: una pequeña maravilla de la arquitectura maya

Cuadernos de Arquitectura Mesoamericana

Articulo publicado en Cuadernos de arquitectura mesoamericana, volumen 5, pps. 75-81,  editado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), México, febrero 1985.

Emphasis is brought here on the importance of a more effective preservation of monuments which, like the Caracol of Cozumel, possess a unique interest in spite of their modest dimensions.

La costa del Estado de Quintana Roo se caracteriza, entre otras cosas, por los llamados templos enanos, construidos por los mayas en tiempos tardíos. Centenares de estos templos cubren las orillas del continente al igual que las islas cercanas; han sido ampliamente difundidos y existe bibliografía científica al respecto. Pero de todas formas quisiéramos destacar uno entre ellos: el pequeño templete denominado El Caracol, ubicado en la isla de Cozumel.

Este edificio, que forma un grupo de ruinas que más adelante describiremos, ha tomado diversos nombres: su primer descubridor, Miguel Ángel Fernández (1), lo llamó, creyéndolo ubicado en una isla pequeña, Islote Celarain; más tarde fue denominado por William Sanders como Punta Islote (2), y actualmente es conocido como Caracol, bautizado así por el edificio principal (3), por la expedición de la Universidad de Harvard; tras los trabajos de David Freidel y Jeremy Sabloff quedó numerado como C-14, siendo El Caracol el edificio C1-1. Entre estos trabajos, muchos por cierto para un sito tan pequeño, debemos recordar la restauración que realizó el INAH a través del Centro Regional del Sureste en 1979. Nuestro trabajo se llevó a cabo en agosto de 1984, con la colaboración de Jeff Lachance.

En primer lugar, lo que más atrajo nuestra atención hacia este edificio en particular de Cozumel, es que nunca había sido estudiado con detenimiento, pese a ser único por sus características arquitectónicas: los autores ya citados lo visitaron rápidamente, publicaron fotografías, y Fernández realizó dibujos poco fidedignos aunque buenos —teniendo en cuenta lo difícil y penoso del viaje en ese entonces. Hoy en día el camino pasa por el medio del sitio, tocando incluso la plataforma basal del templo principal. A sólo cinco años de la restauración, su estado es nuevamente calamitoso; continuaron las excavaciones clandestinas en los pisos, la rotura de estucos y, además, los otros edificios del lugar están cubiertos totalmente por la vegetación. Ha sido tan poca la atención que se le prestó, que con sólo abrir un poco la vegetación cercana, encontramos dos edificios abovedados que nunca habían sido reportados, los C1-4 y C1-5.

Como todos sabemos, la isla de Cozumel es tal vez una de las zonas mayas más estudiadas. La bibliografía citada, y en especial los trabajos sobre patrones de asentamiento publicados este mismo año por David Freidel y Jeremy Sabloff, han aclarado la cronología, tipología arquitectónica y formas de asentamiento de los antiguos mayas. Incluso, grupos como San Gervasio han sido muy bien restaurados y abiertos al turismo. El Cedral, también accesible hoy en día, no ha sido restaurado y el estado de deterioro de sus edificios, en especial del llamado La Cárcel, lo pone en inminente peligro. Hemos dedicado otro trabajo a él (5), que se va a publicar en esta misma revista.

Vista desde el sur de la fachada principal. Foto Vistacolor.

Vista desde el sur de la fachada principal. Foto Vistacolor.

Fachada principal: puede apreciarse el remate, un goterón y las juntas que muestran las dos épocas construidas del edificio

Fachada principal: puede apreciarse el remate, un goterón y las juntas que muestran las dos épocas construidas del edificio

El grupo del Caracol se halla ubicado en el extremo sur de la isla, sobre el camino de tierra que lleva hacia el faro al final de la misma. Un poco al oeste de él se hallan otras ruinas denominadas Celarain I y Celarain II. La distancia a los sitios más grandes, como El Cedral, es en línea recta de unos kilómetros, y a Buena Vista, de 5. El Caracol se encuentra tras un pequeño médano de arena, a unos 30 metros del mar, protegido por aquél de los constantes vientos que hay en ese lado de la isla. Por el otro lado, es decir al oeste, los pantanos y zonas inundadas se encuentran a menos de 10 metros, creando así una faja de tierra longitudinal, por lo que tomó su nombre de islote.

El grupo está compuesto por el templo principal (C1-1), una construcción rectangular de 5 por 3 metros, cuyos muros se hallan en buen estado de conservación, pero desconocemos el tipo de techumbre que tuvo por estar el escombro cubierto de arena. Tuvo dos entradas al frente, y formaba el lado este de la plaza posterior al edificio principal. Del lado este existen los restos de otro edificio grande, en forma de un amontonamiento de escombro cubierto por la arena del médano. Las piedras que están a la vista son de varios tipos: hay algunos sillares escuadrados, piedras de bóvedas talladas y piedras irregulares de relleno;también hay fragmentos de estuco adheridos a ellas (edificio C1-4). Otros restos indican la posible existencia de otro edificio cercano al Caracol, también con restos de bóvedas, pero que actualmente está muy destruido (C1-5).

El edificio 2 posee la particularidad de tener unos agujeros rectangulares que atraviesan casi todo el muro en tres de sus paredes, como puede verse en los dibujos. Esto lo hemos interpretado como los restos de un posible techo plano, sostenido por vigas de madera colocadas según se indica en el plano, contrastando así con los demás edificios del grupo, que tienen —o muestran evidencias de haber tenido— bóvedas en la cubierta. La hechura de este edificio es también irregular, al igual que El Caracol; está realizado con piedras burdas en su mayoría, cubiertas por una gruesa capa de estuco, la que en los ángulos interiores toma una forma curva.

El resto del conjunto lo conforma un pequeño grupo de piedras grandes e irregulares ubicado en el lado norte del grupo, que quizás haya sido un pequeño altar, tal como lo pensó Fernández. Según él mismo, en el centro de la plaza había una “piña”, esto es una escultura de estuco pequeña con protuberancias a sus lados; en los últimos años hemos sabido de ellos que son un rasgo común a la arquitectura de la costa de Quintana Roo (6). Actual-mente nada queda de este altar, ni siquiera una marca en el suelo, por lo menos a la distancia que Fernández lo ubica. En cambio queda un círculo en estuco, que marca que puede haber existido algo semejante, en el centro del escalón inferior del lado noroeste de la plataforma del Caracol. Quizás Fernández, con el apuro y la densa vegetación que cubría el edificio— y que le impidió ver las otras construcciones—, equivocó las distancias.

El Caracol

El edificio en su forma actual es el resultado de dos épocas constructivas diferentes, de tal forma que el pequeño templete original quedó envuelto por tres lados por una construcción más grande, aunque similar. Las describiremos una por una.

El Caracol de Cozumel. Planta de conjunto.

El Caracol de Cozumel. Planta de conjunto.

El Caracol de Cozumel. Planta arquitectónica.

El Caracol de Cozumel. Planta arquitectónica.

Primera época constructiva: en origen, los mayas realizaron un templo de planta cuadrada de unos 2.50 metros de lado, con bóveda en el techo y cuatro puertas, todo ello sobre una plataforma baja. La bóveda posee, en los arranques de los lados más largos, sendos morillos de madera —ahora desaparecidos—, que ayudaban a sostener la construcción. La altura máxima fue de unos 1.20 metros y las puertas medían 78 centímetros de alto. Fue reestucado en varias oportunidades, ya que pudimos contar hasta diez capas superpuestas. En sus fachadas, una cornisa corría a lo largo de los cuatro lados, y estaba compuesta por dos partes. Una moldura a mitad del edificio completaba la ornamentación. Esto quiere decir que se trataba de otro templo miniatura típico de la región, con una construcción simple y de poca calidad, ya que los perfiles, ángulos y puertas no estaban a escuadra; por el contrario, es una arquitectura que muestra o mucha rapidez de ejecución o un descuido notable por parte de sus constructores. En ese sentido se emparenta con otras obras similares, como las de Tulum o Tancáh, por citar las más conocidas (7).

El Caracol edificio 1). Fachada y planta (reconstitución). Modificado de Fernández 1945.

El Caracol edificio 1). Fachada y planta (reconstitución).

Modificado de Fernández 1945.

Segunda época constructiva: para agrandar este templo se procedió, tiempo más tarde, a rodearlo por tres lados por una nueva galería un poco más alta (1.47 metros en total), también con puertas a cada lado, pero haciendo que éstas coincidieran con los ejes de las que entonces quedaron como interiores, haciendo que el edificio tuviera una imagen asimétrica. Se agrandó la plataforma exterior en forma bastante irregular, y en el interior se dejaron las viejas fachadas a la vista, para colocar grandes lajas de piedra en el techo, de tal forma que con la inclinación de las piedras saledizas del nuevo edificio, quedara una bóveda muy rústica en el interior de la galería exterior. En realidad no es siquiera una bóveda maya por saledizo, sino sólo media bóveda. Por fuera, la fachada vieja quedó a la vista en el lado oeste, aunque flanqueada por los segmentos nuevos de muro, que poseen sólo la cornisa superior, ahora de tres partes. Se modificó la cornisa del edificio viejo agregándole el remate —para que quedaran de la misma altura los dos edificios—, y se le colocaron varios desagües pluviales que, entre los mayas, son un rasgo sumamente raro.

Foto del remate superior.

Foto del remate superior.

Sobre el techo se construyó un pequeño edículo cuadrado, muy bajo —de 50 centímetros de alto— con cuatro aberturas, y un agujero en el techo. Encima se construyó una concha marina de gran tamaño, decorada con cuatro hileras de caracoles empotrados, hueca por dentro y comunicada con el agujero del techo del pequeño edículo en cuestión. Actualmente está rota a la mitad de la altura, pero según Fernández estaba completa en la época de su visita. El techo está decorado con puntas de flecha, es decir piedras delgadas y altas empotradas —de las cuales sólo queda una de ellas—, que le dan una imagen de almenas de fortaleza. En esto es semejante a otros edificios de Cozumel, como Janán I (C8-2).

Corte longitudinal, corte transversal y detalle del remate superior, según Fernández 1945.

Corte longitudinal, corte transversal y detalle del remate superior, según Fernández 1945.

Las puertas de la segunda época son más altas y poseen un rehundimiento en el dintel, rasgo común para la región. Todo el edificio está hundido en varias partes, sus pisos interiores rotos, y pese a haber sido restaurado en 1979, los deterioros son notables, en especial en lo que tiene que ver con fisuras y desprendimientos. Existen restos de pigmentos de colores, y por lo menos quedan restos de dos glifos pintados de rojo en una de sus fachadas, aunque ya están muy deslavados y casi irreconocibles.

Hay que destacar las grandes irregularidades que se aprecian en esta construcción y que son observables a simple vista. Además de los defectos producidos por temblores y las figuras causadas por desprendimientos entre los techos y muros del edificio más viejo al más nuevo, puede verse que no hubo un cuidado especial en el edificio, sobre todo en la segunda época. Por ejemplo, cuando la plataforma fue ampliada, quedó con una extensión de 30 centímetros de un lado y 60 del otro. Estas irregularidades, difíciles de relevar, las hemos simplificado en los dibujos.

Vista interior. Puede apreciarse la bóveda formada por un muro en saledizo, la antigua fachada (con sus molduras) del edificio viejo, y grandes losas que cierran la bóveda.

Vista interior. Puede apreciarse la bóveda formada por un muro en saledizo, la antigua fachada (con sus molduras) del edificio viejo, y grandes losas que cierran la bóveda.

En cuanto a su posible función, es evidente que todo el grupo cumplía un papel de tipo religioso, emparentado con el culto al viento, lo que queda señalado por las cuatro puertas del templo, sistema respetado en la ampliación, y su reproducción en la parte superior. Por su parte, el gran caracol, incrustado de otros pequeños que silban cuando sopla el viento, puede remarcar esta hipótesis.

Existe otro elemento a tener en cuenta: cerca del extremo norte de la isla, a una distancia aproximadamente similar a la del Caracol, existe otro edificio —el único conocido— que repite la planta de este primero, aunque no los detalles. Es factible que después de haber construido el mayor de ellos, es decir el C25-38, también conocido por La Expedición Cinco Manos o Las Grecas, se haya ampliado el Caracol para tener un tamaño similar y una función emparentada. También cerca del C25-8 se halla otro templo, el C8-2, que si bien posee una planta diferente, tiene en su techo las puntas de flechas de que habláramos antes.

Edificio en planta y corte A-A

Edificio en planta y corte A-A

Restos del edificio

Restos del edificio

Piedras de la bóveda del edificio

Piedras de la bóveda del edificio

El Caracol de Cozumel

Para terminar, quisiera destacar la importancia de estas pequeñas maravillas de la arquitectura maya, que aunque no tengan la grandiosidad de Tikal o Palenque, no por ello deben quedar abandonadas y olvidadas por el especialista. Cuando podamos llegar a tener descripciones y estudios sistemáticos de ellas, habremos avanzado notablemente en el conocimiento integral del pasado prehispánico.

El Caracol de Cozumel

Daniel Schávelzon (*).
Buenos Aires, febrero de 1985

(*) Doctor en Arquitectura, UNAM. Director de Investigaciones de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires.

NOTAS

1. Miguel Angel Fernández, “Exploraciones arqueológicas en la Isla de Cozumel, Quintana Roo”, Anales del INAH, vol. I, 4a. época, pp. 107-120, México, 1945.

2. William Sanders, “Ceramic and settlement patterns in Quintana Roo”, Contributions to American Antropology and History, no. 60, pp. 155-264, Carnegie Institution, Washington, 1960; y “An archaeological reconnaissance of northern Quintana Roo”, Current Reports no. 24, Carnegie Institution, Washington, 1955.

3. Jeremy Sabloff y W. Rathje, Changing precolumbian commercial systems: the 1972-3 seasons at Cozumel, Mexico, Peabody Museum, Cambridge, 1975.

4. David Freidel y Jeremy Sabloff, Cozumel, late Maya settlement patterns, Academic Press, New York, 1984.

5. Daniel Schávelzon, “La Cárcel de El Cedral, un extraño edificio maya en Cozumel”, Cuadernos de Arquitectura Mesoamericana No. 6 (en vía de publicación).

6. Este tipo de escultura exenta es común en la región. Ha sido encontrada en Xcaret, Xaac, Tulum, Akumal y Cozumel. Fue reportada por primera vez por John L. Stephens y el estudio actual más detallado es el de Edward Wyllys Andrews IV, “A preliminary study of the ruins of Xcaret, Quintana Roo, Mexico”, Middle American Research Records, Publ. 40, New Orleans, 1975. En la estructura 43 de Tulum también fueron descubiertos en la parte superior del techo.

7. El estudio cerámico de Williams Sanders nos permite situar el edificio dentro de una secuencia histórica. Sanders encontró en una trinchera en el sitio, cerámicas del Período Tulum y del Período del Complejo del Grupo B (de Tancáh), por lo cual puede pensarse que El Caracol fue construido durante el período previo a la llegada de los españoles contemporáneamente a ello. Quizás esas dos fases coincidan con las dos épocas de construcción del edificio.

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