Algunas supervivencias de cultos prehispánicos en Guatemala.

Artículo publicado en «Proyecciones de América Latina», número 1, correspondiente al año 1981, páginas 103 a 126, y editado por la Dirección General de Extensión Académica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ciudad de México.

«Destruid los ídolos, echadlos por tierra, quemad, confundid y acabad todos los lugares donde estuvieren, aniquilidad los sitios, montes y peñascos en que los pusieron, cubrid y cerrad a piedra y lodo las cuevas donde los ocultaron para que no os ocurra al pensamiento su memoria; no hagáis sacrificios al demonio, ni pidáis consejos a los magos, encantadores, brujos maléficos, ni adivinos, no tengáis trato ni amistad con ellos, ni los ocultéis, sino descubridlos y acusadlos; aunque sean vuestros padres, madres, hijos, hermanos, maridos o mujeres propios; no oigáis ni creáis a los que os quieren engañar, aunque los veáis hacer cosas que os parezcan milagros, porque verdaderamente no lo son, sino embustes del demonio para apartarlos de la fe.»
Edicto de la Santa Inquisición, México, siglo XVIII

Durante los primeros meses del año 1975 hemos tenido la oportunidad, conjuntamente con un grupo de antropólogos guatemaltecos, de conocer diversas áreas marginadas de ese país. Los recorridos fueron en busca de datos de tipo arqueológico, aunque ello nos posibilitó la observación de algunas ceremonias, ritos y fiestas entre grupos de indígenas de distintas características, que muestran aún una gran vigencia de las religiones y costumbres prehispánicas.

Las áreas más interesantes desde este punto de vista son, sin duda alguna, las Tierras Altas y la Costa del Pacífico de Guatemala. También son notables los grupos lacandones, en la zona más inextricable de la selva del Petén, sobre el río Usumacinta, cerca de la frontera de México; pero nuestra nota está dedicada a las primeras regiones, abarcando en as a los grupos quichés, zutuhiles y cakchiqueles entre otros. Este artículo se complementa con otros realizados en eese momento entre, ellos podemos mencionar «El saqueo arqueológico de Guatemala».*

Uno de los más importantes y dramáticos conflictos de Guatemala, es el proceso de industrialización y la urgente necesidad del sistema capitalista de integrar nuevas áreas, hasta ahora marginadas en el continente. Esto está produciendo la destrucción de las gigantescas selvas del Petén, que comprenden casi el 50% del territorio del país.

En esas regiones, se desarrolló en épocas precolombinas parte de la civilización maya, importante no sólo por sus obras urbanas, arquitectónicas y estéticas, sino también porque llegó a gestar una estructura ideológica de tal envergadura que todavía hoy no ha podido ser eclipsada, ni con el genocidio de la conquista, ni con la esclavización colonial, ni con la educación liberal moderna; aunque posiblemente no pueda sobrevivir al turismo internacional, uno de los mecanismos más drásticos como introductor de ideologías, capaz de desbaratar en años una cultura de siglos.

Toda Guatemala es la supervivencia constante de una realidad que día a día nos retrae a muchos siglos atrás. La gran cantidad de ruinas prehispánicas, dispersas por doquier y sólo parcialmente restauradas, sumadas a las vestimentas típicas, ceremonias, fiestas y viviendas, mantienen vivas las más antiguas tradiciones. Por supuesto, deberíamos agregar una constante más: la eterna herencia campesina de la miseria.

En algunos sitios hemos podido ver cómo se repiten, exactamente igual que hace 2000 años, ceremonias de distintas características, en las que hombres, mujeres y familias enteras —incluso a veces toda la comunidad— realizan ofrendas a ídolos prehispánicos en santuarios y templos mayas, cuya construcción a veces se remonta hasta la época de Cristo.

Existen sitios tradicionales —muy turísticos hoy día—, como Santo Tomás Chichicastenango (40,000 habitantes de habla quiché), en el cual hay un importante mercado, si bien está bastante occidentalizado en la actualidad.

Iglesia principal de Chichicastenango en un día de fiesta, con la característica ornamentación indigena de la portada.

El pueblo de Chichicastenango está estructurado alrededor de una plaza central, donde se sitúa el tradicional mercado, con dos iglesias a sus lados. En ellas la división social es clara: una para indígenas y otra para mestizos, blancos y turistas; incluso, una es católica y la otra protestante. En ambas, las ceremonias se inician en las escalinatas donde existen sendos altares para la quema del pom (incienso maya); luego se continúan en la puerta donde se ofrendan ramas de pino, aguardiente, velas y pom. Por lo general el rezo lo realiza un brujo especialmente contratado para este efecto.

En el interior existe toda una liturgia especial, ya que la ubicación de las velas está en relación directa con quien el fiel se quiere comunicar, y a quien está dirigida la plegaria. Coexisten santos cristianos con otros que sólo tienen la imagen de santo, pero que en realidad representan fuerzas de la naturaleza.

Vista de los rezos en quiché que se realizan antes de entrar. Nótense los sahumerios de pom.

Vista de los rezos en quiché que se realizan antes de entrar. Nótense los sahumerios de pom.

Dentro de las iglesias, en general, los ritos son una notable mezcla de catolicismo, protestantismo y cultos paganos, en lo cuales cada quien celebra su propia ceremonia. Los rezos se pueden dirigir tanto a un santo como a una virgen, a una escultura maya o un objeto (el vestido de un santo, su caballo, su espada). Incluso hemos podido observar una pequeña iglesia en un área de grandes establecimientos azucareros del Pacífico, en el Baúl, cerca de Santa Lucía Cotzumahualpa, en cuyo altar se encuentra un nicho ocupado por la figura de un arcángel montado a caballo; y al que se le reza es al caballo. En la región, los campesinos nos cuentan que unos veinte años atrás, un cura nuevo de la zona quiso cambiar el caballo ya muy antiguo por uno más nuevo, y la capilla, sin explicación alguna, se vació de fieles por varios meses, hasta que los indígenas le plantearon la situación al sacerdote y todo volvió a la normalidad con la reposición del caballo original.

Interior de la iglesia principal. Gran parte de las ceremonias se realizan en el centro y la ubicación de las velas está en relación con quien se quiera establecer la comunicación.

Interior de la iglesia principal. Gran parte de las ceremonias se realizan en el centro y la ubicación de las velas está en relación con quien se quiera establecer la comunicación.

Algo similar pasó con un santuario en los alrededores de Chichicastenango, conocido como Pascual Abaj, ubicado en la cumbre de un pequeño cerro sobre el cual, en la parte delantera de una serie de altares que probablemente se remonten período clásico maya (siglo III al X d.C.), se encuentra un gran ídolo de piedra. Delante de él se celebran ceremonias en las que pudimos observar sacrificios de aves, quema de pom, ofrenda de velas, aguardiente y pétalos de flores.

Este altar es interesante de describir: durante nuestras visitas pudimos observar que está conformado por dos sectores, el principal posee un gran ídolo de piedra, que muestra su rostro en relieve, la cabeza fragmentada, los brazos cruzados y de su manos cuelga, en forma invertida, una cabeza-trofeo. No hay duda de que su origen es prehispánico. Además de ésta, hay gran cantidad de manos de moler, patas y fragmentos de metates diversas piedras, al parecer todas ellas antiguas. Todo esto cubierto por una espesa pátina negra de grasa, carbón y humedad.

El tradicional mercado que se realiza en la plaza que enfrenta a las iglesias de Chichicastenango

El tradicional mercado que se realiza en la plaza que enfrenta a las iglesias de Chichicastenango

Santuario prehispánico de Pascual Abaj, a un lado del pueblo. Puede apreciarse que la ceremonia se realiza frente a una gran figura de piedra. Es tradición el acompañar los rezos con el sacrificio de un pavo.

Santuario prehispánico de Pascual Abaj, a un lado del pueblo. Puede apreciarse que la ceremonia se realiza frente a una gran figura de piedra. Es tradición el acompañar los rezos con el sacrificio de un pavo.

Fotografía tomada en 1928 por Elsie McDougall el altar; nótese la disposición dispersa de las esculturas y piedras.

Fotografía tomada en 1928 por Elsie McDougall el altar; nótese la disposición dispersa de las esculturas y piedras.

Foto tomada por Franz Termer pocos años despues de la anterior, mostrando el mismo altar ya rehecho y limpio.

Foto tomada por Franz Termer pocos años despues de la anterior, mostrando el mismo altar ya rehecho y limpio.

Este altar se complementa con otro menor, casi enfrentado a él, que se caracteriza por poseer gran cantidad de cruces de piedra tallada de tipo colonial, pero mezcladas con otras más nuevas, piedras simples y alguna mano de mortero.

Este altar, actualmente bastante visitado por turistas, fue ya estudiado y fotografiado por varios investigadores, tales como Elsie McDougall, quien estuvo ahí varias veces, la primera en 1928; fue fotografiado por Franz Termer un poco más tarde; y luego, por muchos otros más. Lo que queremos citar aquí de las observaciones de McDougall es que en su primer recorrido en el que por suerte tomó una fotografía, el altar principal estaba totalmente desmantelado, y la gran escultura puesta de lado, mostrando que en la realidad es un fragmento de un gran monolito cilíndrico y vertical.

En su visita de fines de 1930, encontró que todo el recinto había sido reconstruido, enterrando la estela hasta la altura de la cintura del personaje en cuestión. Para mantenerla firme, las piedras se reubicaron en forma ordenada y se limpió el altar menor. Se hizo también una plataforma, y se lo dejó casi «nuevo». Actualmente conservan la misma forma y posición, salvo que se nota un aumento considerable de objetos en su composición. El altar es utilizado no sólo por quichés, sino también por zutuhiles y cakchiqueles.

El nombre del sitio, Pascual Abaj, ha sido interpretado como una asociación «ladina» del personaje mítico Turcaj, y la palabra «abaj» que en Quiché y Cakchiquel quiere decir «piedra». Este nombre, o su femenino Pascuala Abaj, son muy utilizados para identificar sitios de carácter religioso con imágenes en la región de los Altos de Guatemala.

Recordemos que aún hoy en día existen gran cantidad de lugares en la región a los cuales los blancos no pueden entrar. Un buen ejemplo en esa zona son los cantones de Mactzul. Son los últimos reductos de una civilización destruida, que intenta así preservar algo de su existencia.

La otra experiencia de este tipo, sumamente interesante, fue la que presenciamos en un lugar conocido como El Baúl, en el departamento de Escuintla. En ese sitio existió una antigua ciudad maya y ése es justamente el lugar en el que se encuentra uno de los más antiguos monumentos fechados de toda Mesoamérica (29 a.C.) En este lugar, poco explorado arqueológicamente y rodeado por vastas plantaciones, se continúa explotando al indio casi como en la época colonial. Allí, por entre la gran cantidad de montículos y restos de pirámides, existe una gigantesca cabeza tallada en piedra de casi 2 metros de diámetro, parcialmente enterrada y con una estela grabada que la enfrenta a pocos metros.

Ante ambas, diversas familias realizan ceremonias, ayudadas por brujos que actúan como intermediarios frente a los dioses. Los ritos son acompañados de ofrendas, flores, velas, pom y fundamentalmente de la sangre aún caliente de gallinas y pavos degollados. En forma similar se efectúan las ceremonias que presenciamos entre las ruinas de la antigua capital de los cakchiqueles, Utatlán, que fuera destruida por Alvarado. Allí las ceremonias se llevan a cabo en grandes hoquedades realizadas ex profeso en el interior de las antiguas pirámides. En el primero de estos casos citados, hemos podido obtener una secuencia fotográfica completa del ritual.

En un corto trabajo sobre el primer tema, Ritzenhaler (1963) interpreta estos ritos, que incluyen la flagelación de las mujeres con rama de árbol, como una costumbre revivida por los quichés provenientes de la sierra, hace unos 60 años, y no como una continuidad precolonial. Asimismo, dice que los sacrificios de animales son comunes en la región serrana, no así en la costa. Es posible que en los últimos años esto también se haya introducido en esa región, ya que tenemos evidencias sobre su actual existencia.

Además de esos sitios, que son altares o santuarios públicos, existe una gran cantidad de otros altares domésticos y familiares. Estos están ubicados sobre montículos o tumbas sumamente primitivas; pero la imposibilidad de realizar excavaciones en ellos hace difícil saber las fechas en que fueron erigidos con exactitud.

Es también interesante recordar que en la propia Chichicastenango todavía hoy se celebran ceremonias semi-paganas en la tumba del padre Rossbach, en el cementerio local. Se le prenden velas, se arrojan pétalos de flores y hojas de pino, aguardiente y demás. Hay incluso en sus cercanías un altar para la quema de pom. El padre Rossbach, muerto hace no muchos años, fue sumamente estimado por la población local.

Este conjunto de situaciones es común a casi toda América Central, mostrándonos una cara poco conocida de una muy compleja realidad. Y también somos conscientes de que la pérdida de estos valores, unidos a toda una situación social del indígena, es un mal brutal e irremediable; hasta ahora la mayoría de las soluciones han pasado por la «integración» del indio a los mecanismos de la sociedad occidental de consumo, transformándolo en un proletario indígena que emigra a los centros urbanos. La otra postura ha sido el «laissez-faire», para que los turistas puedan observarlos tal como se mira a los animales de un exótico zoológico, productores de artesanías para la exportación.

¿Cuál es la solución?, ¿cómo debemos enfrentar el problema? Obviamente las respuestas son variadas, pero deben pasar por el derecho que tiene toda minoría, a hacer valer su propia cultura, y a lograr un lugar propio en el desarrollo social, político y económico dentro de su propio país.

* «El saqueo arqueológico de Guatemala», Boletín del Instituto Nacional de Antropología e Historia, No. 22, época II, pp. 57-61; México, 1978.

BIBLIOGRAFÍA

  • BUZNEL, Ruth, «Chichicastenango», American Ethnological Society Papers, Vol. 22; Locust, New York, 1952.
  • MCDOUGALL, Felipe, «Observation on altar sites in the Quiché región, Guetemala». Carnegie Institution, Notes on Middle American Archeology and Ethnology No. 62; Washington, 1946.
  • RITZENHALER, Robert, «Recent monument worship in lowland Guatemala». Middle American Research Institute, Publ. 28, pp. 107-116; New Orleans, 1963.
  • SCHAVELZON, Daniel, «El saqueo arqueológico de Guatemala». Boletín del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Epoca III, No. 22, pp. 57-62; México, 1978.
  • THOMPSON, D.F., «Maya paganism and christianty», Middle American Research Institute, publ. 19, pp. 1-36; New Orleans, 1960.
  • DOVTOLS, PIERRE, «La destrucción de las religiones andinas». UNAM, México, 1977.

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