El Museo Etnográfico

Artículo publicado en la revista de divulgación Todo es Historia, número 284, pps. 70 a 74, ISSN 0040-8611, editor Dr. Félix Luna, en la ciudad de Buenos Aires, año 1991.

El edificio que actualmente alberga al Museo Etnográfico de la Universidad de Buenos Aires es el más significativo de los dedicados a museos en esta ciudad. Construido por Pedro Benoit en 1878 como Facultad de Derecho, fue una obra paradigmática de la Generación de 1880, y desde inicios del siglo XX es sede del museo. Si bien el edificio sufrió cambios a lo largo de su existencia, algunos significativos por cierto, aún se conserva en excelente estado y está siendo declarado Monumento Nacional en este momento.

Este motivo, además de la ubicación de nuevos documentos relacionados con su construcción por parte de la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos [1], es el que me mueve a escribir nuevamente su historia después de quince años, corrigiendo algunos errores y peores interpretaciones que publiqué siendo estudiante [2]. El edificio fue el resultado de los impulsos que, desde Sarmiento, el Estado estaba dándole a la educación de todos sus niveles. En este caso, la Universidad, que funcionaba en el entonces aún nuevo local de la Manzana de las Luces, no podía dar cabida al aumento masivo del estudiantado. Derecho era una de las carreras centrales y con futuro, y atraía a gran cantidad de jóvenes. La necesidad de un lugar propio era urgente, y las posibilidades de construir un edificio proyectado específicamente para cumplir esa función, eran por demás atractivas [3]

La elección del terreno fue el resultado de una búsqueda de lotes vacíos o semivacíos que estuvieran en propiedad del Estado, y la construcción se inició gracias a una donación de 190.193 pesos reunidos por los ex alumnos. El proyecto correría a cargo de Pedro Benoit, prestigioso ingeniero que trabajaba para el gobierno de la provincia. El encargo a Benoit estaba garantizando la calidad de la obra, “era ingeniero de buena ley, de sabios recursos, pero era más arquitecto que ingeniero y lo era por la atracción irresistible de su temperamento de artista” [4], según lo describiera una nota cronológica que le fue dedicada. El terreno, actualmente ubicado en Moreno 350, se encontraba en la zona de mayor transformación edilicia de esos años; estaba próximo a la vieja Universidad y a Plaza de Mayo, y a un lado del que sería, poco más tarde, el primer Laboratorio de Química de la Municipalidad (Moreno 330) creado y dirigido por Pedro Arata, y donde en la actualidad mal funciona una escuela técnica.

El terreno, de 21.50 por 88.50 metros es verdaderamente grande para el tradicional loteo urbano y en él existía una construcción que se usaba como depósito de la aduana, de propiedad provincial. Según algunos autores –y una placa de bronce en la puerta- allí había funcionado la Casa Cuna de la Sociedad de Beneficencia creada por Rivadavia; es muy posible que se trate de un error, de acuerdo con algunos documentos “el terreno y casa contiguo a la que fue de niños expósitos” [5] sería el actual Moreno 330 ya citado. La obra existente en el sitio era importante, con cuatro patios y de mampostería, tal como lo muestra el Catastro de Pedro Beare de la década de 1860. A su lado se halla el otro edificio, también una obra grande de dos patios cuadrados. Pero lo llamativo es que la medianera del terreno hacia el oeste es diferente de la actual y el terreno es varios metros más estrecho en la parte posterior. ¿Hubo una rectificación del límite del terreno en ese momento o la hubo poco antes? La evolución del lote en sí mismo es un tema que queda por investigar con mayor detenimiento. De todas formas, todo lo existente se demolió en 1878 para dar inicio a las obras nuevas. Los trámites para la donación del terreno se iniciaron cuando el Decano de la Facultad, don Sixto Villegas, lo solicita por nota del 10 de agosto de 1877 a Vicente Quesada en el Ministerio de Gobierno. Cuatro días más tarde la propuesta fue positivamente contestada:

“El señor gobernador (…) no tiene ningún inconveniente en cuanto dependan de las atribuciones que son propias, de poner a la disposición de la Facultad el edificio solicitado, porque está persuadido que el actual que ocupa la Universidad no tiene las comodidades necesarias para la enseñanza” [1]. Poco más tarde se expidió la Sección de Hacienda, aunque esta aclaró que “entendiéndose, que el día que cese de ser empleado en dicho objeto, el edificio y el terreno volverán al dominio de la Corporación” [6] . Lo mismo indicó el decano Bernardo de Irigoyen pocos días más tarde, mostrando la celeridad con que estos trámites podían hacerse, pese a la burocracia.La tramitación terminó cuando el 17 de enero de 1878 el gobierno de la provincia instruyó al Administrador de Cuentas para que procediera a desalojar el predio y los depósitos para iniciar su demolición. Simultáneamente se hizo entrega por parte del Colegio de Abogados de la suma necesaria para la construcción del edificio.

Como se dijo, la construcción estuvo a cargo de Pedro Benoit, hijo de otro arquitecto prestigioso de la época rivadaviana, Pierre Benoit, de actuación el Río de la Plata y de historia polémica –algunos lo señalan como el delfín de Francia Luis XVII- [7]. La obra de Benoit es demasiado larga de enunciar: ingresado al Departamento Topográfico a los catorce años en 1850, recibió el título de agrimensor en 1861. Durante siete años, y bajo la dirección de Saturnino Salas, levantó el minucioso plano topográfico de la ciudad, y más tarde con Francisco Lavalle hicieron la nivelación y desagüe de la provincia, además de realizar el estudio para lo mismo en los bañados de Ensenada; colaboró en los desagües pluviales de la zona sur de la ciudad, particularmente en el proyecto de entubamiento del Zanjón de Granados. Construyó varios puentes, dos líneas de tranvías, hizo relevamiento de varios caminos –a Flores, San Isidro, Barracas, entre otros- construyó las iglesias de Santa Catalina, San Justo, Merlo, Moreno, Ensenada, San Vicente, Juárez, Mar del Plata; las torres y fachadas de San Telmo; las torres de las de Quilmes; los conventos de Santa Teresa y de las Hermanas de Jesús; las capillas de San Ponciano y San Benjamín, y las de Mercedes, Uribelarrea y Necochea, además de estar a cargo de otros seis proyectos. Su obra cumbre fue la Catedral de La Plata. Construyó once escuelas e hizo obras en varios cuarteles militares. También podemos recordar la Municipalidad de San Isidro, y las de Cañuelas, Magdalena, Alvear, Arenales, Tapalqué y Giles, junto con varios edificios públicos en Bahía Blanca. Hizo la torre del Cabildo de Buenos Aires [8] y en La Plata dirigió y proyectó el Palacio de Justicia, el Ministerio de Gobierno y la residencia del ministro, el Departamento de Ingenieros, la central de policía, cárcel y cuartel de bomberos, un asilo, una usina eléctrica, caballerizas, el Correccional de Menores y varias otras obras. Además, debemos agregar a esta lista el Hospital General de Hombres de Buenos Aires, el lazareto Melchor Romero de Ensenada, varios asilos de huérfanos y el gran Mercado del centro; varios cementerios y, como se publicó en su momento, dibujó “más de 1800 planos” [9], La Facultad [10]. El museo terminaría de trasladarse allí en 1927.

La fachada original, un poco diferente de la actual, constaba de dos pisos con un ritmo de columnas que enmarcaban un gran pórtico de acceso. Una escalinata frontal corría todo a lo largo de esta entrada, que con sus cuerpos salientes y sus grandes macetones le daban al frente un movimiento interesante. Arriba, la simetría se destacaba con un balcón y el remate alegórico. La ornamentación era básicamente sobria, enmarcada dentro de los cánones positivistas y el proyecto reunía con sobriedad los rasgos característicos de la composición académica: fachada retirada, elevación del terreno, simetría, acceso imponente, remate central superior, alegorías y capiteles de orden compuesto. El interior se centraba alrededor de un patio abierto -hoy techado- con aulas a su alrededor, oficinas de administración y un pequeño primer piso. Atrás, un jardín permitía el acceso al ala posterior ahora destinada a biblioteca. Cabe destacar que el pórtico de esta biblioteca es de una calidad excepcional en el entorno actual de la ciudad. Con los años, el jardín se vio invadido primero por una estructura de madera -que restaurada sería de enorme valor patrimonial (y ya única en Buenos Aires)-, y la vivienda del ordenanza, de méritos inexistentes; con esto el jardín se redujo a un simple paso.Pero la modificación más marcada fue la de la fachada, aunque por suerte estuvo a cargo de un arquitecto que supo respetar la obra original: simplemente se cerraron dos tramos del pórtico levantando en ellos paredes con ventanas idénticas a las existentes en los paños extremos, por lo que hoy, difícilmente, se nota la forma original. Esto permitió agrandar las dos oficinas de dirección, siendo quizá un logro pobre a costa de haber destruido el acceso original, pero al menos bien hecho. Las demás obras han sido pocas y, afortunadamente reversibles: tabiques interiores, algún baño, separaciones de madera. También se produjeron grandes deterioros que hoy se están tratando de corregir. Por suerte el espacio central, simétrico, de excelentes pisos de mosaicos y enmarcado por el ritmo constante de semipilastras y columnas, no ha sido transformado. La biblioteca del jardín, construida más tarde y fuera del proyecto original, posee un espacio central alargado cuyo acceso se produce por un pórtico de columnas pareadas, apoyadas sobre una balaustrada y con un remate curvo en coincidencia con el acceso central. Sobre esta escribió Galarce que “se han introducido algunas modificaciones y aumentado la capacidad del edificio de la facultad, se ha construido un salón especial para servir de biblioteca y un salón de espera” [11]. Debido a que esto fue construido antes de 1886, creo que es posible que también sea obra de Benoit, quien falleció en 1895.

Por último cabría citar la presencia de un túnel en el jardín posterior; si bien no sabemos la fecha de su realización y la información publicada es mínima [12], es probable que sea contemporáneo al pozo al que está conectado; estuvo durante muchísimos años a la vista y poco tiempo atrás fue cubierto tras ser consolidado para evitar derrumbes. de Derecho y Ciencias Sociales comenzó a funcionar en un edificio que, sin duda, en su momento representó la culminación de muchas aspiraciones. Sin embargo, su duración fue corta, treinta años más tarde Arturo Prins construiría el gigantesco e inconcluso edificio neogótico de la avenida Las Heras y Pueyrredón como nueva sede de la Facultad. Cuando el edificio de la calle Moreno quedó vacío, tras un corto intervalo, se lo destinó a albergar el Museo Etnográfico creado en 1904 por Juan B. Ambrosetti en la Facultad de Filosofía y Letras. El proyecto hecho por Benoit, al que podemos criticar por su rigidez académica y por su imposibilidad de crecimiento, fue magnífico en su momento y fue una solución idónea al programa planteado de facultad y símbolo de una nueva educación universitaria.

Plano del Museo Etnográfico, realizado por Horacio R. Dominguez

Plano del Museo Etnográfico en PDF

Referencias

[1] Antonio Galarce, Bosquejo de Buenos Aires, Stiller y Hass Editores, Buenos Aires, 1887

[2] Carlos Krieger, Túneles con misterio, Ediciones República de San Telmo, Buenos Aires, 1971; pueden verse varias fotografías del túnel

[3] Daniel Schávelzon, El Cabildo de Buenos Aires: la remodelación de Pedro Benoit en 1879-1881, núm. 263, pp. 28-30, Buenos Aires, 1989

[4] Nota necrológica en Revista Técnica, 1897/1898, Buenos Aires, p. 64

[5] “El Museo Etnográfico de la Facultad de Filosofía y Letras”, Revista de la Universidad, tomo 1, vol. 1, 3ª. época, pp. 3-27, Instituto de Antropología, Facultad de Filosofía y Letras, Buenos Aires, 1948.

[6] Ibidem

[7] Nota de la Municipalidad de Buenos Aires del 29 de setiembre de 1877 al doctor Sixto Villegas, firmada por Enrique Perisena y Mariano Obarrio.

[8] Horacio Pando, Los Benoit: dos generaciones de arquitectos, Anales del Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas, vol. 18, pp. 125-132, Buenos Aires, 1965; Federico Zapiola, ¿Luis XVII murió en Buenos Aires?, edición del autor, Buenos Aires, 1941.

[9] Nota del Ministerio de Gobierno al doctor Sixto Villegas del 14 de agosto de 1877, firmada por Vicente G. Quesada, archivo de la Universidad de Buenos Aires.

[10] Agradezco a Elisa Radovanovic la copia de los documentos que se citan.

[11] Daniel Schávelzon, El primer edificio de la universidad de Buenos Aires, la obra de Pedro Benoit y la arquitectura para la educación en el siglo XIX , Centro de Investigaciones Histórico Sociales, Buenos Aires, 1975.

[12] Daniel Schávelzon, La arquitectura para la educación en el siglo XIX, en: Documentos para una historia de la arquitectura argentina, Summa, Buenos Aires, 1978

[13] Nota necrológica aparecida en Revista Técnica, 1897/8, Buenos Aires, pág. 63

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