Los planos de Mendoza de Germán Burmeister

Artículo publicado en la ciudad de Mendoza en el año 1998.

El Museo del Área Fundacional de la ciudad de Mendoza ha recibido como donación un par de planos originales atribuidos por sus familiares a German Burmeister (1). Hay que destacar estos dos planos por varios motivos, mucho mas allá del gesto que significa su obsequio a la comunidad: la Mendoza que vió el viajero prusiano dejó de existir la trágica tarde de 1861 en que un terrible terremoto destruyó en forma total la ciudad. La nueva Mendoza fue fundada a pocas cuadras de allí, relegando al olvido lo poco -casi nada- que había quedado en pié. Actualmente, como gesto de memoria colectiva, se están excavando y rescatando los restos de esa ciudad fundacional (2) y el Museo que lleva ese mismo nombre alberga las colecciones de materiales recobrados, además de cubrir lo que se ha logrado encontrar del antiguo Cabildo (3). De allí que toda nueva información que ayude a completar nuestros conocimientos es bienvenida, más aún si, como en este caso, es totalmente inédita y de manos de un científico de la talla de Burmeister.

Nacido en Prusia el 15 de enero de 1807, Carlos Germán Conrado Burmeister fue uno de los intelectuales más significativos de la Argentina durante el siglo XIX hasta su fallecimiento en Buenos Aires el 2 de mayo de 18 de 1892, habiendo visto en su larga vida casi todo el transcurso de dicho siglo. Llegó al país en 1857 como un visitante ilustrado típico de la época y traía consigo dos títulos universitarios (medicina y filosofía), una clara predilección por el estudio de la naturaleza en todas sus expresiones y por sobre todo el incondicional apoyo del barón Humboldt, sin dudas el más grande naturalista y el mayor conocedor de América de su tiempo.

Entender al joven Burmeister y su viaje hasta Mendoza es entender su relación simbiótica con Humboldt, su admiración por «más grande hombre de Las Luces», el respeto que éste le tuvo al joven que recién se iniciaba y quería seguir los pasos del maestro -de allí el porqué del viaje- y como éste la abrió las puertas para Sudamérica. Recordemos que el primer libro de Burmeister fue su Historia de la creación publicada en 1843 (4), indudable antecesora del Kosmos de Humboldt; ambas fueron obras filosóficas que intentaron comprender la totalidad del universo y que uno hizo como inicio de una carrera y el otro como cierre de una vida. Su obra se emparenta con la de otros contemporáneos como Alcides d’Orbigny y fue característica de la Ilustración tardía en el mundo entero y parte de la expansión europea -intelectual y económica- hacia otros continentes.

Gracias al apoyo de Humboldt logró el joven naturalista una beca para emprender un viaje hacia el extremo sur de Sudamérica a donde no había llegado su maestro. Para hacerlo había renunciado a un cargo político importante y logró una licencia con sueldo para posibilitar hacer ese recorrido. Así se embarcó hacia Brasil primero desde donde emprendería un largo viaje a Buenos Aires primero para seguir a través de Rosario, Cordoba y Mendoza para luego continuar a Chile y embarcarse rumbo a Lima para regresar al final a Alemania. Viajó acompañado de un artista llamado Adolf Goering quién realizó los excelentes dibujos que acompañan muchas de sus obras. En total le llevó casi tres años ese periplo del que dejó una obra única titulada en español Viaje por los estados del Plata 1857-1860 que fue editada en Halle en 1861 (5); esa primera edición no incluía los grabados y cuadros de Goering ni los que mas tardíamente se publicarían en nuevas ediciones.

¿Porqué tenía tanto interés en este viaje y en especial en llegar a Mendoza La primera respuesta es que quería completar el viaje por el continente que hizo su maestro y que nunca llegó hasta aquí, la segunda era parte de un interrogante típico de su época y del determinismo geográfico que pululaba en el pensamiento ilustrado aún vigente: estudiar las características de un pueblo mediterráneo, encerrado en la zona austral del mundo y alejado de los grandes puertos, con pocos contactos con el exterior. Era algo así como una curiosidad, una rareza natural digna de ser observada y estudiada. El resultado real es que lo que vió le cambió la vida.

Regresó en 1861 a su tierra natal pero lo que encontró fue desagradable para una persona ya marcada por el nuevo continente: un rápido divorcio y la ruptura con sus superiores del Ministerio de Educación. Rápidamente decidió retornar a Buenos Aires; sus contactos con el gobierno liberal le permitieron ser contratado como director del Museo Público -en ese momento Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia (6)-, para el cuál se estaba buscando una persona de prestigio que se hiciera cargo para transformarlo en lo que debía ser: una institución modelo. Allí trabajó hasta su muerte treinta y un años mas tarde dejando por cierto una institución del mas alto nivel internacional. Su segundo matrimonio fue con una dama de Tucumán con quién tuvo cuatro hijos y su descendencia llega hasta hoy (7).

Su estadía en Mendoza fue de casi trece meses y en ella observó todo lo que era posible: hizo planos, estudió la geografía, botánica, zoología, entomología -su tema mas preciado-, geología, costumbres populares y sociales, describió las ciudades de la zona y la capital, el clima, el cielo, el agua y las acequias, es decir todo lo que su curiosidad inacabable podía abarcar. Los datos recabados le sirvieron por años para seguir escribiendo y publicando; sus grandes obras como sus trabajos de entomología, sus textos de paleontología y su descripción física de la Argentina de la cual sólo llegaron a editarse seis tomos (8). Su bibliografía completa, la mayor parte en alemán -se negaba a hablar en público o escribir textos científicos en español-suma casi 300 títulos (9).

Los planos de Mendoza

Los dos planos que se presentan aquí, originales de su propia mano y anotados con su letra tan cerrada y peculiar, nos muestran, uno el valle donde se encuentra ubicada la ciudad y en el otro vemos un plano detallado de ésta. Hasta la fecha no había ningún indicio édito sobre la existencia de ninguno de ambos; únicamente en la edición española de su Viaje hecha por la Unión Germánica e la Argentina en 1943 gracias a dos de sus hijos, se incluyó un plano en la página 195 del tomo I. Pero éste está claramente firmado por Federico Burmeister y tiene por fecha de realización el año 1942, y en la lista que se incluyó con las ilustraciones reproducidas de otras fuentes originales está claramente ausente. ¿Usó su hijo el plano que aquí presentamos? Es casi indudable que sí ya que éste estaba en la familia; pero resulta extraño que no lo haya indicado cuando así lo hicieron con todas las demás ilustraciones agregadas. Y más aún resulta incomprensible que habiendo colocado tantas otras láminas no hayan incluido el mapa del valle, que era de la mano de su padre, que además es excelente y de gran utilidad.

El mapa muestra un territorio amplio que cubre la ciudad misma, los canales y acequias -el canal Zanjón es el que estructura el mapa mismo- y llega hasta las ciénagas del noreste y la gran hijuela del oeste; está claramente definida la red hídrica casi completa y se ubican algunos sitios importantes para él como «lo de Gallardo», algunas iglesias y las direcciones de los caminos. Quizás el detalle mas significativo sea el menos llamativo: la orientación; como buen extranjero dibujó el norte hacia arriba -es decir, como indica la norma aceptada en el mundo entero-, lo que es impensable para los mendocinos ya que la costumbre de poner el norte a la derecha aún se mantiene en uso, al menos desde el siglo XVIII. Los planos conocidos de la ciudad son todos hechos a partir de 1761 y tienen el norte hacia la derecha; entre ellos el de 1790, el de 1802 y los dos de 1822. En 1854 se hizo uno de la ciudad debidamente orientado aunque dos años mas tarde se volvería a repetir lo mismo y seguiría, esporádicamente, hasta la actualidad. Quien conozca hoy Mendoza sabe que la estructura de orientación urbana es arriba-abajo (este-oeste) y nunca norte-sur como son algunas ciudades de llanura como Buenos Aires (10).

El plano de la ciudad tiene el mismo trazo delicado pero firme que el mapa, muestra la ciudad debidamente orientada y con una larga serie de detalles interesantes. Sin duda y pese a ser sólo un borrador es de mas calidad y cubre mas espacio que los planos anteriores; ¿conoció Burmeister alguno de ellos?, los usó como base para su trabajo o el suyo es totalmente original? Creo posible que haya tenido a su alcance al menos alguno de ellos pero sin duda tiene mayor número de detalles que los otros; es más, hay pequeños elementos que muestran haber sido dibujado por él ya que dejó zonas sin definir -como si nunca hubiera estado en esas calles- y destacó curvas o pequeños ángulos en esquinas que no marcan los demás autores; hay tachaduras, correcciones y la lista de 23 edificios o lugares muestra que no fue basada en las otras ya que incluso los dos últimos puntos no cupieron en el espacio diseñado a tal fin.

En pocas palabras, estamos ante dos verdaderos monumentos de la historia mendocina, muestras de la capacidad de Burmeister y de todo lo que hizo por Mendoza; tanto que ni siquiera le alcanzó la vida y sus cientos de obras para publicarlo todo. Lo que resulta mas interesante es que la ciudad le impactó mal a su llegada -lo escribió con toda claridad- y tuvo muchos problemas con algunos coterráneos, pero que superando su impresión inicial permaneció más de un año y construyó un conjunto de conocimientos que aún hoy nos asombra y seguimos agradeciendo.

Notas

  1. Agradezco al Subsecretario de Cultura de la Municipalidad de Mendoza, prof. Guillermo Romero, y a la directora del Museo del Área Fundacional la Lic. Silvia Cicchiti, por autorizar la publicación de estas notas.
  2. Los trabajos de arqueología en el centro histórico se iniciaron en 1988 y continúan hasta la fecha; actualmente se está excavando el ex convento y colegio de los Jesuitas, conocido como San Francisco, bajo la dirección de Clara Abal y del autor de estas notas.
  3. J. R. Bárcena y D. Schávelzon, El Cabildo de Mendoza, arqueología e historia para su preservación, Municipalidad de Mendoza, 1991.
  4. Hemos usado la edición de Burmeister titulada Historia de la Creación: exposición científica de las fases que han presentado la tierra y sus habitantes en sus diferentes períodos de su desarrollo, 2 vols, J. Camps y Cía, Barcelona, 1843. Hubo ocho ediciones en alemán y diversas traducciones a otros idiomas.
  5. Burmeister, Reise durch die La Plata – Staaten, 2 vols, H. W. Schmidt, Halle, 1861.
  6. Antonio Lascano González, El Museo de Ciencias Naturales de Buenos Aires, Ediciones Culturales Argentinas, Buenos Aires, 1980.
  7. Max Biraben, Germán Burmeister, su vida, su obra, Ediciones Culturas Argentinas, Buenos Aires, 1968.
  8. Burmeister, Description physique de la Republique Argentine d’aprés des observations personnelles et étrangéres, F. Salvy, Paris, 1876/71, seis tomos y atlas; nunca fue editada completa aunque hay varias reediciones parciales, incluso por Coni en Buenos Aires; en Europa se hicieron otros de adiciones y correcciones y algunos se reeditaron aquí.
  9. Una bibliografía completa y bastante detallada puede verse en el libro de Max Birabén ya citado en nota 7.
  10. Ricardo Ponte, Mendoza, aquella ciudad de barro; historia de una ciudad andina desde el siglo XVI hasta nuestros días, Municipalidad de Mendoza, Mendoza, 1987.

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